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LA TRIBUNA

sábado, 15 de octubre de 2016

Estudiantes atacó mejor que nunca y también defendió peor que nunca

Por:  Walter  Vargas

Leo a hinchas de Estudiantes que, como Estudiantes ganó, creen ver el paraíso donde de norte a sur, hasta donde alcanza la vista, hay tierra y en esa tierra un equipo terrenal.
Leo a hinchas de Estudiantes que escupen bilis como si Estudiantes hubiera perdido 4 a 0.
Ni optimista bobalicón ni pesimista full time, veo que Estudiantes jugó y ganó el mejor partido hasta aquí contra el rival más calificado hasta aquí. Si antes era un examen bravo, que había que aprobar, no veo por qué razón ahora habría que que desestimar la buena nota.
Se lesiónó Andújar y atajó un pibe, Losada, de muy buenas condiciones (mejores, según entiendo, que las de Sappa), pero pibe al fin. Iba a estar Cavallaro, que sin andar bien asomaba más prometedor que Solari... y Cavallaro no estuvo.
Se sobrepuso al 0-1 y al 2-2 y dispuso de cuatro chances netas para meter el cuarto gol.
¿Que faltó jerarquía en el recambio? Cierto.
(Preocupan las malas decisiones que toma Marchiani, dilapida su potencial. De Graciani y Toledo jamás esperé nada. No vayan a creer que esto me genera orgullo. Me hubiera encantado equivocarme).
¿Que Abal dio una mano? Cierto.
¿Que fue un partido loco, en el cual Estudiantes atacó mejor que nunca y también defendió peor que nunca, admitido.
Pero por fin ganó un partido de los que constituyen un significativo salto de calidad. Negar ese mérito sólo puede ser hijo del desconocimiento, del despiste, de la necedad o de las tres cosas juntas.
Bien Schunke, bien Lucas Rodríguez, bien Facundo Sánchez, muy bien Damonte, descomunal Ascacibar.

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