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LA TRIBUNA

sábado, 1 de octubre de 2016

El otro modelo cultural

Desde sus no tan lejanas épocas de jugador Sebastián Verón formuló su desagrado por las derivas de la rivalidad de Estudiantes y Gimnasia. Por las derivas de la rivalidad más allá de la intensidad del juego, y de la eventualidad del resultado de cada clásico, y del calor y el color tradicional. Palabras más, palabras menos, alguna vez declaró: “Quiero entrar a un restorán de La Plata sin tener que preocuparme de si el dueño es de Estudiantes o Gimnasia”. Ahora, en su condición de presidente, ha dado un paso más en el mismo sentido. Advertido de las dificultades que afrontan los hinchas pinchas cada vez que no pueden disponer del estadio de 32 y 25 y deben viajar hacia Sarandí, o Lanús, presentó una nota ante Gimnasia con un pedido de alquiler del estadio del Bosque para el partido de la sexta fecha versus Central. Y consultado, fue contundente: “No es una chicana. Es una cuestión de comodidad. No podemos entrar en el juego de la gente”.
¿Qué hará Gimnasia? Al parecer no consentirá el pedido por tener previsto el resembrado del césped, pero si hubiera aceptado, si aceptara, va de suyo el escándalo que desataría entre sus hinchas y acaso también entre unos cuantos de Estudiantes. Así de entronizado está el delirio de concebir al adversario deportivo como a un enemigo. Lo de Verón tiene un gran valor simbólico más allá del éxito o el fracaso de su gestión, porque apunta a recuperar un hábito saludable, la cultura de una convivencia natural que durante décadas y décadas fue parte del horizonte de La Plata, de Rosario, de Huracán y San Lorenzo, sigan firmas.
Quizá la lucha contra la estupidez ya se ha perdido, pero que no se dé por perdida está muy bien.

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