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LA TRIBUNA

lunes, 5 de septiembre de 2016

La Casa de la Moneda.

POR:
 WALTER VARGAS

El Padre Tiempo pondrá en su lugar a La Gata Fernández, uno de los 40 futbolistas que más convirtió en la historia de Estudiantes. Un jugador de partidos difíciles, de clásicos, de finales.
Y lo pondrá en su lugar sobre todo en instancias como las de ayer, en partidos cuyo premio se disfruta o se ve partir en el momento.
El Estudiantes de Nelson Vivas, un equipo aceptable en el reino de la mediocridad, carece de un jugador de jerarquía probada en esa línea de tres que si no funciona deja al único delantero neto abandonado de la mano de Dios. Lucas Viatri, para peor, es casi un ex que está más para pivotar en un equipo de fútbol 5 que para goles de oro; Bailone recién llegó y tiene crédito. Toledo, ojalá que me equivoque, es una apuesta insólita.
Lo más parecido a La Gata es Lucas Rodríguez, pero si con menos de 20 años y un puñado de partidos en Primera le piden que sea el portador de las mejores respuestas a las peores preguntas, están locos.
Cavallaro tiene cierta habilidad, aceleración y buen remate, pero entiende el juego tanto como yo la segunda ley de la termodinámica. Y Solari es útil sólo en las tardes soleadas. Cuando se nubla y los rivales lo miran feo, no sabe/no contesta. Graciani es como Pichuco Troilo: siempre está llegando... pero nunca termina de llegar.
(Jeisson Vargas es todavía una gran pregunta y Carlitos Auzqui es Carlitos Auzqui, limitado hasta lo indecible, pero, por curioso que parezca, a veces genera cierta nostalgia. ¿Cuándo? Cuando como ayer faltan corazón y rebeldía. En esos casos, como escribió el gran Jotaele Borges, siempre el coraje es mejor. Y al torbellino Auzqui, una suerte de Demonio de Tasmania albirrojo, podremos cuestionarle todo, menos su corazón).
En fin. Ojalá que el salto de calidad venga por algún wing, pero, insisto, la partida de La Gata dejó un cráter inmenso.
Y conste que hablo de fútbol profesional. No soy del club de admiradores de la nobleza de la La Gata ni jamás me emocioné con sus declaraciones de amor a "Estudiantes, mi casa". Su único problema ha sido la incontinencia verbal. Su tendencia a la demagogia.
No será casual que La Gata hoy juegue en Santiago de Chile. Ahí, precisamente, consta la casa que más lo emociona: La Casa de la Moneda.

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